miércoles, 20 de junio de 2012

CASO LLANCA, ARGENTINA, 27 DE OCTUBRE DE 1973





Sábado por la tarde, el 27 de octubre de 1973, Dionisio Llanca se puso unos pantalones viejos, una camisa y un suéter oscuro, y descansó en una casita modestamente pintada en la calle Chubut, a sólo diez minutos del centro de Bahía Blanca. Se comió el almuerzo temprano y durmió durante el periodo de la siesta, porque tendría que conducir toda la noche. Se despertó a las 18:00 horas (6:00 pm), y vio una serie de televisión, que era realista, directa y sin elementos fantásticos.


Aproximadamente a las 22:00 horas (10:00 pm), en la casa de su tío, se comió una cena de bistec, ensalada, y dos vasos de "cepita", una bebida no alcohólica, con su tío Enrique Ruiz.


Esa misma noche, alrededor de las 00:30 horas (12:30 am), del domingo, 28 de octubre 1973, Llanca, le dijo adiós a su tío y se metió en su camión, una Dodge 600, cargado con materiales de construcción para transportarlos a la ciudad de Río Gallegos. Para Dionisio, este es un viaje rutinario de dos días al sur del país.

Cuando fue a una gasolinera Esso en la calle Don Bosco para cargar combustible, se dio cuenta que uno de los neumáticos estaba un poco bajo, pero le dio poca importancia y se decidió revisarlo cuando llegue al pueblo de Médanos (unos 30 kilómetros de distancia), para no perder más tiempo.


Mientras conducía por la ruta 3, a unos 19 kilómetros de la ciudad de Bahía Blanca, se dio cuenta de que el neumático estaba perdiendo el aire rápido, entonces él urgentemente tenía que detenerse para cambiarlo. Lamentó no cambiarlo en la gasolinera Esso donde se había detenido 15 minutos más temprano para comprar gasolina.


Aproximadamente a las 01:15 horas (1:15 am), se detuvo en un arcén oscuro y desolado en la noche fría. Él empezó a sacar las herramientas, llaves, gato y comenzó a cambiar el neumático absolutamente solo sin haber nadie alrededor para ayudarle. La carretera estaba plenamente desierta en una zona boscosa y sus alrededores estaban totalmente oscuros.



Mientras cambiaba el neumático, observó que la carretera se iluminaba con un resplandor amarillento intenso a unos 2 kilómetros (una milla) de distancia. Debido al color, pensó que podría ser los faros de un automóvil Peugeot y continuó trabajando sin prestar más atención. Mientras arrodillado cambiando el neumático, de pronto la luz se colocó detrás de él, sobre las copas de los árboles, convirtiéndose tan brillante que iluminaba toda la zona y cambió a un color azulado similar a una soldadura por arco eléctrico. Cuando iba a levantarse para mirar hacia unos árboles donde la luz provenía, se dio cuenta de que no tenía fuerza en sus piernas para hacerlo.


Mirando hacia atrás sobre su hombre derecho, se dio cuenta de algo inesperado; detrás de él había un enorme objeto en forma de disco, suspendido a unos siete metros (23 pies) del suelo y tres seres humanoides de pie mirándolo. Él estaba totalmente paralizado y no podía ni siquiera hablar.


Los tres se quedaron ahí parados mirándolo por un rato, según Llanca, por unos cinco minutos. Entonces, uno de los humanoides lo agarró por detrás del cuello de su suéter y lo levantó con firmeza, pero no con agresividad. Intentó de hablar, pero su voz no le salía. Mientras se hallaba detenido por ese humanoide, el otro colocó un dispositivo, parecido a una maquinilla de afeitar, en la base del dedo índice izquierdo de Llanca sacándole sangre. Llanca cree que perdió el conocimiento poco después de ver dos gotas de sangre en su dedo, porque él no se recuerda nada más después de eso.






Las descripciones de los extraterrestres:









Los extraterrestres fueron descritos del tipo nórdico. Eran dos hombres y lo que él consideraba que era una mujer debido a la formación de los senos y el cabello largo y rubio que llegaba hasta la mitad de los hombros. Los hombres también eran rubios, pero con el cabello más corto. Eran aproximadamente de la misma altura, de un metro y 70 ó 75 centímetros (de 4 a 5 pies) y vestían con uniforme gris de una sola pieza muy ajustado, botas anaranjadas y guantes anaranjados largos que llegaban hasta la mitad de sus brazos. No usaban cinturones, ni armas, ni cascos, ni cualquier otra cosa. Sus características faciales eran como las de los seres humanos, a excepción de sus frentes altas y ojos alargados. Hablaban entre ellos en una lengua extraña, que sonaba como un radio mal sintonizado con chirridos y zumbidos.


Llanca no podía recordar cuando se despertó, pero se cree que fue entre las dos o tres de la mañana de ese domingo. Cuando abrió los ojos, se encontró entre los vagones en el patio de la "Sociedad Rural de Bahía Blanca", a unos 9 kilómetros de donde sucedió el encuentro con los alienígenas. Él estaba en un estado de amnesia, ya que no podía recordar ni siquiera su nombre, el episodio, el camión, o su casa. Él comenzó a caminar por la carretera y se desmayó.


Cuando volvió a despertarse, él siguió caminando por la ruta 3, y al llegar a la intersección de la ruta 35, un conductor lo encontró caminando desorientado y sin rumbo como un robot. El conductor lo recogió y lo llevó a una comisaría de policía donde fue trasladado posteriormente al Hospital Español.


Todavía es un misterio de lo que ocurrió entre el momento del encuentro al tiempo cuando despertó en la "Sociedad Rural de Bahía Blanca", a unos 9 kilómetros de distancia y cuando el Doctor Ricardo Smirnoff lo atendió en el Hospital Español. El Dr. Altoperro declaró que era un caso curioso ya que Llanca, un joven de unos 25 ó 26 años de edad, se encontraba en un estado de amnesia total.



En el hospital, él todavía no podía recordar nada de su pasado. No sabía quién era, dónde nació o hasta quiénes sus padres eran. Él no recordaba absolutamente nada de su pasado. Lloraba constantemente y preguntaba en qué ciudad él estaba. Cuando su cabeza o sus manos fueron tocadas, él retrocedía instintivamente, como si eso le produjera dolor. Tenía un fuerte dolor de cabeza en el área del lóbulo parietal-temporal derecho. La policía fue notificada y posteriormente fue trasladado al Hospital Municipal.


El 30 de octubre, a las 22:00 horas (10:00 pm) cuando se despertó en su cama del Hospital Municipal de Bahía Blanca, recuperó su memoria y recordaba la experiencia detalladamente hasta el momento cuando se desmayó al ver su dedo sangriento. Sus ropas estaban intactas, dobladas en los cajones (gavetas) de su cuarto del hospital. Sintió el deseo de fumar y de saber qué hora era. Registró su ropa y descubrió que su reloj, su encendedor de cigarrillos y los cigarrillos en una caja metálica faltaban. Los bolsillos de los pantalones todavía contenían los 150.000 pesos argentinos que llevaba al salir de su casa. Él preguntó por su camión, que le preocupaba más que el ovni y sus ocupantes. Se le dijo que la policía lo había encontrado estacionado en un arcén en Villa Bordeu, a unos 18 kilómetros de la ciudad de Bahía Blanca, con el gato en su lugar y con uno de los neumáticos sacado. Sus papeles en la guantera del camión no habían sido molestados.




Regresión hipnótica:


El 5 de noviembre de 1973, Llanca fue hipnotizado, que le permitió relacionar los hechos que no podía recordar cuando estaba abordo de la nave espacial por más de una hora. Explicó, durante la hipnosis, que cuando se acercaron al camión, le hicieron una biopsia; un pequeño tejido de piel fue removido de su dedo índice izquierdo con un dispositivo parecido a una maquinilla de afeitar. Entonces una especie de rayo de luz amarillento salió de la nave, que lo llevó al interior ovalado de la nave.


Una vez adentro, él vio cómo la mujer manejaba una serie de instrumentos que él identificó como equipos médicos y quirúrgicos, tal vez preparándose para examinarlo. Uno de los hombres, que Llanca cree que era el piloto, parecía estar sentado al frente de los controles de la nave y mantenía en su mano derecha una especie de palanca de mando. El otro humanoide estaba observando el cielo estrellado a través de un gran panel parecido de cristal, una imagen que se repetía en una serie de monitores a color situados a la izquierda de Llanca.



De repente, se abrió una compuerta y varias mangueras y cables fueron arrojados fuera de la nave. Las mangueras se hundieron en un pequeño curso de agua y los cables hicieron contacto con una torre de alto voltaje localizada cerca.


La mujer, que actuaba como una enfermera, se mantenía ocupada con los instrumentos encima de una mesa grande. Ella se cambió el guante anaranjado de la mano derecha por uno negro que tenía punzones en la palma. Cuando ella se acercó a Llanca, le hizo una incisión en el parietal derecho. Entonces sin querer, golpeó su arco superciliar izquierdo produciéndole un hematoma (o moretón) que los médicos humanos posteriormente examinaron y trataron.


Cuando terminaron de examinar su cabeza, los alienígenas procedieron a anestesiar su herida. En este momento, él fue liberado de la nave espacial completamente inconsciente, después fue hallado vagando por las calles en un estado de amnesia y su próximo recuerdo del incidente fue cuando se despertó en el Hospital Municipal de Bahía Blanca.

cropdatos.blogspot.com

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